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Poemas Renales

Poemas Renales
Poemario de Jorge Torres ... INCITACIÓN AL LECTOR La lectura puede ser el oficio (sin paga) más viejo del mundo. Los primeros signos leídos fueron las nubes, el vuelo de pájaros, los gestos faciales. Después habría marcas dibujadas en el suelo, en paredes rocosas, en muros; por fin, sobre un delicado e imposible objeto de sólo dos dimensiones, los limitados alfabetos que los hombres interponen entre sí mismos y las cosas innumerables. Empresa imposible la aparente primera función del lenguaje: tocar lo concreto -objetos, acontecimientos- con una abstracción. Adiestrado en el esquivo sentido de los fenómenos naturales -cuántos errores de apreciación, cuántas sombras, revelaciones-, el hombre comprendería bien pronto la sospechosa y cambiante condición y función del lenguaje: no ser por sí, sino en virtud de un soporte material (papiro, sonido); señalar, nombrar y, sin embargo, por lo mismo, velar lo nombrado con el nombre, sustraerle una porción adherida a la palabra que lo señala. Extremando su inquietud, temería verse suplantado por el lenguaje, conducido o compulsado hacia un destino personal que, sin las palabras, sería otro. "No comprendí la negra magia de las palabras hasta que me mordieron en el corazón". Entendería también que el acto de leer supone un esfuerzo dirigido a experimentar en si mismo lo contenido en la escritura/lectura; una tensión de la voluntad hacia el descubrimiento de lo que las palabras ocultan. Porque toda escritura, todo acto de lenguaje, es una faena de encubrimiento; de elaboración, de construcción de un misterio al que sólo accederemos por el exigente oficio de la lectura (oficio de dudar), en el ingreso y recorrido del libro, espacio donde convergen la faena original y el rito que la restaura. De hecho, el pórtico de este libro ya incita a la duda proponiendo, con aparente claridad comunicativa, unos improbables poemas "renales" con el mismo desparpajo con que los propondría "románticos". Traspasado el umbral de fotografía, dedicatoria y otras noticias, desde el primer poema nos enfrentamos a un lenguaje evidentemente tensionado por una búsqueda extraña: comunicar una compleja y profunda experiencia personal (que la prudencia me impide comentar), no en los términos más claros y directos (empresa imposible) ni con encantamientos de artificio, sino elaborando unos objetos verbales, poemas que eluden el estrecho pasillo de la claridad y la armonía convencionales, y actúan en el lector, en la lectura, como instancias diferidas de participación en el proceso de la escritura; la mayor o menor dificultad lectural de estos textos -sus dulzuras y sequedades-, no es sino la reedición constante del propio esfuerzo del autor por crear un texto vivo, una escritura desafiante e inconformista, particularmente en el sentido de no ofrecerse como comunicaciones definidas ni cerradas. Adivinamos a cada paso la desconfianza en la validez significativa de las palabras, de cada palabra, aceptadas sólo después de un largo y paciente escrutinio, hasta no dejarnos, a los lectores, otra salida que recibirlos con correspondiente prevención, con idéntica incredulidad. No obstante, en su humana -o literaria- condición, el autor cede a una renovada fe en su material: sorpresivas pero frecuentes líneas donde la torturada sintaxis se dulcifica en una emotiva claridad. Y aunque huelgue anotarlo y valga sólo para lectores desprevenidos, no son raros el coloquialismo, la interjección y el humor, no como recursos decorativos sino estructurales: pruebas -entre otras- de una poesía abierta a incorporar, por íntima necesidad, la misma riqueza de la vida a la que aspira (y que la origina). Esta oscilación entre la fe y la duda, entre una fe primitiva o imprecisa y el escepticismo que los años enseñan, es tal vez la mayor fascinación formal y significativa de estos textos, sostenida por un componente lúdico que los aligera y les permite evitar la pesadez y, al mismo tiempo, abrirse hacia otras experiencias poéticas, perceptibles aun en la brevedad del conjunto. Por lo tanto, ningún lector que se respete -un lector atento y capcioso, como se exige Jorge Torres-alegará una inocencia por lo demás inútil. Prevenido, sabe que la suya es como la tarea de Teseo en el laberinto, cuyo centro tal vez contiene un espejo, el verdadero rostro del Minotauro. Ricardo Mendoza /Valdivia, diciembre de 1992.
Autor
Sobre el autor Torres Ulloa, Jorge, 1948-2001 Profesor, actor teatral y poeta chileno. Editor, actor y cantante de tangos y boleros y cocinero estupendo. Nació en Valdivia, 25/09/1948. Muere en Valdivia en 2009
Categorias
Editorial
Numero de Paginas 65
Fecha publicacion
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